En Ruta

Valle de Cachapoal: naturaleza, historia y vino, mucho vino

miércoles, 09 marzo 2016 1914 Views 0 Comments

Las ‘azudas’ de Larmahue han girado durante décadas. Lo han hecho en silencio y con la tranquilidad propia de la solitaria vida del campo. La ingeniosa construcción de estas gigantes ruedas de madera ha permitido el riego (y por lo tanto la actividad) en uno de los valles más bellos y a la vez más desconocidos del Chile central: el valle de Cachapoal, en la VI Región. Un fértil oasis  a menos de dos horas de Santiago que mantiene la esencia de la tradición agrícola chilena y la jalona con prósperas viñas e hitos arqueológicos de gran importancia histórica. Sus paisajes contienen todos los componentes del campo chileno: extensas alamedas, sauces y eucaliptos; cercos naturales; terrenos cultivados dedicados a la ganadería, chacarería o fruticultura, y todo ello enmarcado por ambas cordilleras y las cadenas de cerros que atraviesan el Valle Central.

Siendo así, no es de extrañar que en los últimos tiempos esta zona puje por mostrar al mundo que sus encantos nada tienen que envidiar al de otros lugares cercanos pero mucho más explotados y conocidos para el gran público. Por todo ello, el Valle de Cachapoal es un destino b perfecto y que se puede disfrutar los 365 días del año.

 

La azuda, un símbolo del valle. / © A. F. Reca

La azuda, un símbolo del valle. / © A. F. Reca

 

Su majestad el vino

Siempre se ha dicho que en este valle nace el mejor carmenere de Chile. Como en todo lo que tiene que ver con gustos, puede que sea cierto y puede que no, pero lo que es irreprochable es que la cepa franquicia del país goza de una exquisita salud en Cachapoal. Quizá porque ha vivido en el mismo silencio que sus vecinas las azudas, creciendo mecida por la brisa del océano y sobre el pedregoso terreno que sustenta sus vides.

Hasta hace pocos meses los registros oficiales decían que en esta zona se podían visitar menos de una treintena de bodegas, en su mayoría centenarias y familiares con producciones enfocadas a la venta a granel. Una cifra que, de la noche a la mañana ha tenido que corregirse por la sencilla razón de que alguien se ha puesto a contarlas. Los responsables de la app CompassWine, un emprendimiento local que pronto se extenderá al resto del país y que permite, entre otras cosas, geolocalizar todas las bodegas visitables de la zona y guiarte hasta ellas con mapas off line, han realizado un minucioso ejercicio de búsqueda y registro de bodegas en la zona. Se trata de una poderosa herramienta para recorrer el valle y descubrir tanto las bodegas como el resto de sus encantos.

El resultado: más de 130 bodegas y creciendo. Datos que obligan no solo a cambiar el discurso oficial, sino a mirar a este valle como uno de los grandes espacios vitivinícolas de Chile. No por su producción comercial, que es más que escueta en comparación con otros valles, sino por la minuciosidad, el cariño y la calidad de su elaboración. Tanto Descorchados como Wine Spectator ya empiezan a dar cuenta de ello.

 

Viñas en el Valle de Cachapoal. / © A. F. Reca

Viñas en el Valle de Cachapoal. / © A. F. Reca

 

Salen así de un largo letargo viñas centenarias y las viejas barricas agrietadas dejan paso al acero inoxidable como los arados abren el camino de los motores. Ha sido necesario el empuje de la sangre joven, de las nuevas generaciones, propias o foráneas, para comenzar a reescribir una historia que nunca había sido justa con el valle.

Un ejemplo se ubica en la Viña Santa Blanca, hoy en manos ya de la tercera generación de la familia González, que a finales de los años 30 comenzó a elaborar caldos en Cachapoal. Un negocio familiar que ha dado vida a la marca Eminencia y que destaca por buscar la innovación añadiendo al tradicional catálogo de Cavernet Sauvignon, Carmenere y Sauvignon Blanc sus refrescantes y equilibrados vinos rosados.

José Francisco González, enólogo de la viña, se muestra satisfecho con este cambio de paradigma y resume el sentir de muchos de los que apuestan por el valle al asegurar estar “orgulloso de mostrar lo que estamos haciendo, que en parte es abrir la viña al turismo con diferentes actividades que involucran cultura, música y gastronomía”. Un discurso similar al desplegado por el administrador agrícola, Sebastián González: “Nosotros, en el fondo, queremos abrir una sala de ventas y lanzar el producto a un mercado no masivo, en bodega y hoteles”.

 

Cata de Eminencia en la Viña Santa Blanca. / © A. F. Reca

Cata de Eminencia en la Viña Santa Blanca. / © A. F. Reca

 

Los González no están solos en este nuevo camino. Incluso se puede decir que esta familia local ha encontrado nuevos amigos. Es el caso de Alchemy, una viña que produce vinos de calidad excepcional de manera tradicional y que vende en California el 80 por ciento de su producción limitada. Han sido dos jóvenes enólogos los que han llegado a un acuerdo con un productor local, Don León, enfocado al vino a granel para usar parte de sus viñas y de sus instalaciones para elaborar estos vinos de autor, entre los que destacan sus excepcionales Carmenere y Grand Cuvee.

En el lado más extremo de esta balanza se ubica VIK, un poderoso emprendimiento que nació hace diez años de la mano de un empresario noruego que no ha dudado ni por un segundo que será capaz de producir “el mejor vino de Sudamérica” desde sus viñedos de Millahue, denominado por los indígenas “Lugar de Oro”. La espectacular arquitectura de la bodega da cuenta del cambio de escala de producción de vinos ultra premium de manera audaz. Es una gran nave semienterrada, varada en medio del campo que la rodea para obtener un ahorro significativo de energía y un anonimato en su impacto visual, dejando a los viñedos como protagonistas del paisaje donde se emplaza y una excepcional vista a lo que un día fue la laguna de Tagua Tagua.

Para aquellos que quieran hacer un recorrido por las viñas del valle de Cachapoal y no quieran manejar, pueden acudir a los servicios de Turismo Cachapoal.

 

Cata en la Bodega Alchemy. En primer plano, D. León, dueño del viñedo. Al fondo los jóvenes enólogos. / © A. F. Reca

Cata en la Bodega Alchemy. En primer plano, D. León, dueño del viñedo. Al fondo los jóvenes enólogos. / © A. F. Reca

 

No solo vino

La brillante cúpula de la bodega VIK se divisa desde el otro lado del fértil valle que hoy ocupa el lugar de la laguna Tagua Tagua, cuya desaparición es quizá una de las mayores catástrofes naturales de la historia de Chile: un lago tres veces más grande que el Rapel secado a la fuerza por la acción de un irresponsable hombre de alta alcurnia chilena que se creyó, como tantos otros, dueño de la naturaleza. Quiso aprovechar el terreno para cultivar pero como si de un acto de justicia poética se tratara, el agua tardó 80 años en desaparecer. Tiempo suficiente para que el artífice del desastre no llegara a ver completado su macabro plan en vida.

Tal fue la majestuosidad y reconocimiento de la laguna tiempo atrás, que diversos naturalistas de todo el mundo la visitaron y describieron como un extraordinario ecosistema, relatando el fabuloso espectáculo de los Chivines o Islas Flotantes que se podían apreciar desde su ribera. Charles Darwin y Claudio Gay fueron alguno de ellos, quienes también escucharon y difundieron la existencia de un extraño ser mitológico llamado ‘El Monstruo de Taguatagua’, el cual sembraba el terror entre los habitantes de la época.

La laguna murió pero un nuevo hábitat se consolidó en lo que un día fue un importante asentamiento indígena. En la ribera norte se han encontrado vestigios paleontológicos de gran antigüedad. Se descubrieron restos óseos de mastodontes, que datan de aproximadamente 11.000 años, cuando el paleoindio poblaba estas tierras. Excavaciones recientes han dado con un curioso cementerio donde reposa el llamado ‘hombre de Cuchipuy’, y donde se conservan osamentas humanas de más de 8.000 años y vestigios de otros enterramientos posteriores que demuestran que esta zona siempre ha estado unida a lo sagrado y lo ritual. No es de extrañar que también sea en este punto donde se encuentra el pucara inca del cerro La Muralla, el más austral de cuantos se conocen y cuya construcción se sitúa entre 1.470 y 1.540 d.C..

No es fácil acceder a estos lugares que pasan prácticamente desapercibidos para el que no los busca, pero varios emprendimientos turísticos también están tratando de ponerlos en valor. Así, es posible visitar el Museo Escolar La Laguna para obtener una visión general del pasado del valle, o recorrer los lugares arqueológicos en bicicleta de la mano de Winkultrips y Turismo Añañuca.

 

Panorámica de la Laguna de Tagua Tagua. / © A. F. Reca

Panorámica de la Laguna de Tagua Tagua desde el cerro La Muralla. / © A. F. Reca

 

Cementerio arqueológico. / © A. F. Reca

Cementerio arqueológico del ‘hombre de Cuchipuy’. / © A. F. Reca

 

Hacia la Cordillera

El recorrido por el valle de Cachapoal ofrece otros paisajes a medida que se avanza hacia la cordillera. Lugares de gran belleza que todavía pueden disfrutarse sin masas de turistas, como la Reserva Natural de Río Cipreses, que cuenta con un fabuloso camping desde el que realizar diferentes trekkings para adentrarse en la naturaleza salvaje de la zona, observar flora y fauna endémica como los gatos colocolo o los loros tricahues. Para ello, lo mejor es contactar con Huella Central y ponerse en manos de Elena para coordinar alguna de las diversas actividades que ofrece. Aunque eso sí, una verdadera experiencia en este lugar no será completa sin dejarse caer en el Refugio de Cordillera Río Cipreses, ubicado a las puertas de la reserva. La vieja casona tradicional a la que Doña Rosario ha dado vida y donde busca consolidar un lugar mágico, que mezcla los encantos de la naturaleza con el grato ambiente familiar del campo chileno. Sus desayunos, en base a productos de la zona, son inolvidables, especialmente la chacallina y sus pasteles caseros.

 

Reserva Natural Río de los Cipreses. / © A. F. Reca

Reserva Natural Río de los Cipreses. / © A. F. Reca

 

En familia

También es posible vivir una gran aventura en el valle en familia. Para ello se puede combinar alguna de las experiencias anteriores con una visita a Parque Safari y a Parque en el Aire. Dos actividades más conocidas entre el gran público, pero que pueden convertirse en una ruta-b tratando de hacer noche en alguna de ellas. El primero es un gran zoológico cuyos protagonistas, los animales, han sido rescatados de circos y de maltratos. Es posible realizar los únicos safaris de toda Latinoamérica entre leones y cuenta con un recorrido jurásico muy logrado (y que aconsejamos realizar de noche). También es posible arrendar una cabaña ambientada en el estilo africano y rodeada de animales. Por un lado los leoneses, por otro lado los herbívoros como jirafas, cebras, emus, muflones, llamas o ciervos.

En el Parque en el Aire, un parque dedicado a la escalada y a las alturas que hará las delicias de los más pequeños, también es posible pernoctar. En este caso, se puede arrendar una curiosa cabaña vertical o ‘en el aire’, que cuenta con una asombrosa vista del valle a más de 20 metros sobre el suelo.

 

Parque en el Aire. / © A. F. Reca

Parque en el Aire. / © A. F. Reca

 

Parque Safari. / © A. F. Reca

Parque Safari. / © A. F. Reca

 

Comer y dormir

En el valle han proliferado también los pequeños hoteles boutique, la mayoría se instalan en viejas casonas rehabilitadas que permiten descansar del ajetreo de la ciudad en un ambiente natural y de absoluta tranquilidad. Destaca el Hotel Almahue, de solo siete habitaciones, ideal para disfrutar de noches nítidas y estrellas en el cielo abierto, respirar aire puro, realizar caminatas, cabalgatas, degustar y recolectar fruta sabrosa y gozar de los beneficios de la exquisita agua natural y potable del lugar.

En el apartado gastronómico es reseñable otro emprendimiento, Spiedo Jabalí. Aquí crían a los animales en un ambiente natural y los alimentan principalmente con alfalfa de pastoreo. Las diferentes piezas que ofrecen se compran por internet y te las llevan a casa (también a Santiago) para que puedas disfrutarlas en un asado diferente y que sorprenderá a tus amigos y familiares.

En definitiva, el valle de Cachapoal está saliendo de su letargo gracias al buen hacer de diversos emprendedores, dispuestos a demostrar que esta zona tan cercana a Santiago como desconocida para el gran público tiene mucho y bueno que ofrecer a quien se deje seducir por un llamado que puede resumirse en naturaleza, historia y vino, mucho vino. ¿Quién da más?

 

Spiedo Jabalí. / © A. F. Reca

Spiedo Jabalí. / © A. F. Reca

 

Hotel Boutique Almahue.

Hotel Boutique Almahue.

 


Agradecimiento especial a CompassWine y Sernatur Región O’Higgins. #cachapoal360

Gracias a Kisa, Liyen y Servi Viajes.


 

Alfonso Reca

Periodista vocacional. Viajero empedernido. Y viceversa. Le gusta llevar la contraria, lanzarse en bomba a las piscinas y usar calcetines de rayas. Foodie con úlcera, cata vinos al por menor y mal cantante.

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