En Ruta

‘Catch & Release’ en la Patagonia chilena

viernes, 12 febrero 2016 2319 Views 0 Comments

¿Qué sé de pesca? Nada, o casi nada.

Sé de algunas herramientas: carrete, línea, anzuelo, mosca en otros casos, y quizá de algunos de los estilos que existen: pesca con mosca, pesca deportiva, pesca con anzuelo. Pero en general, nada más.

De vocabulario menos. Así que cuando decidí hacer pesca con mosca en mi último viaje a la Patagonia, no fue sólo conocer de esta experiencia, vivirla y experimentarla, sino que también un poco de clases educativas.

Pristine Waters pasó a buscarme a mi casa, junto a otros dos turistas. Pristine Waters son un grupo de apasionados por la pesca que tienen todo para llevarte a lugares hermosos y prístinos de la Patagonia. Río Serrano, Laguna Parrillar, incluso a Tierra del Fuego para los más aventureros, son algunos de los lugares donde llevan a viajeros al tacto con agua dulce. En mi caso, fuimos a 137 km al norte de Punta Arenas, por ruta 9 hacia Puerto Natales, exactamente en la Estancia Río Penitente.

La pampa patagónica se empieza a apoderar del camino. Impresiona cada kilometro que avanzas, es interminable, intensa, pero engaña su pasividad. El viento hoy casi ni sopla, pero otras veces no puedes aguantar los pies en tierra. Pequeños arbustos, ningún árbol. Ovejas, ñandúes y guanacos, son animales típicos de la zona que muchas veces pasan desapercibidos por los lugareños pero de vez en cuando asombran, especialmente cuando se atraviesan en las carreteras como canguros.

Pescando en Patagonia

Se divisan caballos en la distancia, mientras que una moto al estilo nueva zelandés los agrupa. La tecnología y nuevas formas de trabajo de a poco llegan a esta zona. Llamas por un lado y ovejas por el otro. La pesca con mosca será entremedio de todo esto.

Javier, el guía y socio de Pristine Waters, me pasa la vestimenta de agua. Es como una jardinera para que no mojes tu ropa. Se nota que sabe perfectamente dónde encontraremos peces porque nos hace caminar entre barro, pasto mojado, cruzar el río dos o tres veces, hasta pasar un bosque de lenga. Ahí era.

Los dos viajeros que nos acompañaban sabían cómo pescar, así que yo me dedique a mirar. Javier me explicaba algunas cosas de la pesca y de las técnicas para encontrar peces. Por ejemplo, el nivel del agua y la corriente. De hecho, una de las técnicas que utilizó fue poner a los dos compañeros en extremos opuestos para que de a poco se fueran acercando, casi como ir encerrando a los peces en el medio.

Siempre respetando cierta distancia para evitar accidentes. Especialmente, que al lanzar la mosca te llegue a un ojo.

Moscas

Moscas artesanales

Mientras espero pescar algo, Javier me cuenta sobre las moscas que utilizan. Saca su cajita y me muestra aquellas que ha hecho él. Cada una tiene un estilo diferente y por lo tanto un nombre distinto también. Me tomó por sorpresa que en algo tan simple pudiese haber un arte tan bonito. Las hay de muchos colores, brillantes, otras oscuras, pequeñas o más grandes. Cuál utilizar es toda una ciencia también. Depende del tipo de pez y lo que le guste comer. Cada mosca intenta asemejarse a un insecto de verdad para poder engañar al pez. Por eso también es importante la textura.

De pronto, uno de ellos silva. Corremos hacia donde está y cuando estaba recogiendo el sedal, el pez se logra escapar. Falsa alarma.

Si para algunos el yoga es su forma de meditación, para estos aventureros es la pesca. Aquí se habla poco, pero se piensa mucho. Es una actividad solitaria, cada uno en su mundo tratando de sacar algo del agua. Paciencia se requiere mucha.

Al rato, el otro pescador grita. Nuevamente corremos. De a poco vemos cómo el pez pelea para lograr liberarse. Javier se acerca con una malla y lentamente lo levanta. Ahí está el juguetón. Era grande, ancho y de colores brillantes. Una trucha arco iris (según yo). La primera que veo revoloteando por ahí. Javier le saca la mosca de la boca con cuidado, no hubo daño alguno, y luego de la ansiada foto, la dejamos ir.

La trucha del día

La trucha del día

Me llamó la atención la persistencia en algo que después de minutos dejarás ir. Un poco irónico quizás. Pero entiendo que el mérito está justamente en la paciencia y ser capaz de soltarlo cuando ya es suficiente. Todo a su tiempo.

La sensación de alegría se notaba. Javier no quería que fuese un día sin que nadie pescara algo. Quería a su equipo contento. Dice que en sus salidas, no puede asegurar pesca pero sí lo posible para poder lograrlo. Luego depende de cada pescador, sus técnicas y de los peces, por supuesto.

Empezamos a caminar para volver al auto bordeando el río. Queríamos ver si atrapábamos algo más. Un chiquitito muerde la mosca. Éste más juguetón y travieso. El viajero está de suerte, logró dos en pocas horas.

Llegamos al auto y Javier comenzó a preparar todo para comer. Vino, pisco sour, bebida, agua, té o café. Sándwich, galletas, quesos, jamones, sopas incluso para quienes tienen frío. Olvídate de esas cajitas tipo lunch box, esto es de verdad, un picnic con un poco más. Es el momento donde se comparten experiencias y recuerdos de una aventura distinta en la Patagonia.

El fin del mundo es mucho más que Calafate, Perito Moreno y las Torres del Paine. La Patagonia es salvaje, es vida, es incierta pero sobre todo, es poderosa para vivir experiencias de viajeros b que buscan perderse en actividades tan autóctonas y reales como esta.

 

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Daniela Ruiz

Periodista que descubrió su pasión por viajar a los 14 años cuando hizo su primer viaje sola. Desde ahí que no se queda quieta y cada cierto tiempo sale a descubrir nuevos lugares. No puede salir de viaje sin su frazada tie dye de polar, ni su collar de mundo con un ángel. Uno de sus mayores pasatiempos es hacer brownies y escalar. Sueña con algún día conocer la tierra de sus ancestros Croacia y el continente de hielo, Antártica.

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