En Ruta

Monte Tarn: el desafío de la península de Brunswick

viernes, 22 enero 2016 6116 Views 3 Comments

“Como sea me levanto mañana” le decía a mis amigos mientras me iba de la fiesta a las 2:30am. Tenía solo una misión para el día siguiente y estaba decidida a lograrlo. Sin embargo, en mi mente solo había una duda”: ¿Serían mis amigos capaces de despertar y acompañarme en esta misión? Si iba sola no estaba segura de lograrlo, necesitaba apoyo moral, aparte de guías.

De mis 3 amigas, todo era muy incierto. Siempre escuchaba un sí por la tarde y al día siguiente “Dani no puedo, llegue recién &!^!&!^!*!&” la comunicación terminaba. Sin embargo, esta vez me sorprendieron. Estaban listas y dispuestas para llegar a la cima. Aunque hayan dormido 4-5 horas también.

Pero los dos hombres que me acompañarían, en quienes yo confiaba plenamente que serían los guías de esta expedición, uno de ellos estaba desaparecido y el otro con dos horas de sueño. Mateo no contestaba su celular y recuerdo que en la noche insistió en que si era necesario, entráramos a su casa y lo sacáramos de la cama. Eso hicimos. Jorge fue el encargado de aquella misión. Finalmente 9:00am estábamos camino al fin del continente americano.

Valentina y Caro

Camino al Monte Tarn

Jorge tomó el volante y bordeando el Estrecho de Magallanes, en el sur de Chile, hacia el sur de la península de Brunswick hasta el punto más cercano para comenzar a subir la cima del Monte Tarn. En el camino ya se podía ver cómo sería esta travesía…una de nosotras (no diré nombres) sufrió de mareos en el auto. Prepárense para este día decía en mi mente, será interesante. Dejamos el auto a la orilla de un pequeño río que desembocaba en el estrecho. Los autos 4×4 pueden pasar sin problema pero no era el caso.

Se nos abrieron los ojos de emoción cuando una camioneta nos ofrece acércanos a la punta del árbol. Esta hora y media más que tendríamos que haber hecho hubiera sido faltan para nuestro estado post fiestas. Creo que todos pensamos en ese momento que sería ideal encontrarse con la camioneta cuando estemos de regreso, pero eso es irreal. Cosas así no pasan más que en películas.

 

A subir la cumbre que no hay vuelta atrás

Mateo subió primero, luego las mujeres y finalmente Jorge. Un bosque costero nos rodeó de inmediato. Coihue de Magallanes y canelo, fue lo primero que apareció, luego ciprés que parecían los más perfectos bonsáis. A medida que subíamos, la vegetación cambiaba. Nuevos bosques, luego turba intensa que era como un colchón blandito y barro que sentía que me atrapaba los pies, casi como diciendo no sigas avanzando que este territorio es mío.

Parábamos para tomar agua, era todo en constante subida y por lo mismo nuestros cuerpos exigían pequeños recreos, por lo menos para las mujeres. Aún no entiendo cómo los dos hombres que estaban en esta travesía estaban como si nada. Habían dormido solo horas, uno de ellos creo que seguía con alcohol encima pero ellos, nada, arriba y arriba y sigamos dándole hasta la cima.

Aprovechábamos esa brisa helada para mirar nuestro alrededor. Cuando dejábamos atrás el bosque, el Estrecho de Magallanes se veía perfecto, calmado como pocas veces y de colores azules que combinaban perfectamente con el cielo. Para que decir la Isla Grande de Tierra del Fuego y las Islas Dawson, que cada vez que mirábamos hacia atrás parecían tranquilas escondiendo secretos de aventura. A la mitad de camino se puede ver el faro de San Isidro, allá lejos a los pies del cerro. Es la base para mi próxima aventura en la Patagonia chilena: Cabo Forward. Pero esa historia queda pendiente.

Mateo siempre iba adelante, apuntando a la cima cada vez que los cerros la mostraban. Jorge atrás empujando al rebaño. Siempre supe que era el equipo perfecto: un hombre adelante marcando el camino y otro atrás asegurando que el resto avance.

 

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Entre Mateo y Jorge se repartían la tarea de ser guía. Era gracioso ver a Mateo perderse adelante en sus propios pensamientos y Jorge tomar su lugar. Ambos aportaban información o detalles de este lugar que yo jamás había escuchado. Por ejemplo, que este monte fue nombrado después de que el cirujano británico John Tarn subiera por primera vez en febrero 1827, mientras viajaba con Robert Fitzroy. Luego, fue ascendida en 1834 por Charles Darwin con el segundo grupo de la expedición Beagle. En ese momento subieron forzando el denso bosque de la cordillera. En nuestro caso, seguimos las cintas naranjas que van marcando el camino. ¡Qué amigos más cultos tengo!

Tuvimos la suerte que hasta el momento el clima estaba a nuestro favor. Nunca se sabe en este lugar del mundo cómo te toca el día, a veces puedes tener lluvia, nieve, sol, viento, todo en minutos. Muy impredecible.

Llegamos a una capa de nieve, donde la luz se reflejaba tan fuertemente que hacía que me encandilara. Sentía que quedaba ciega, asique con los ojos arrugados comencé a subir. Derecha, izquierda, derecha, levantando las rodillas y usando la punta de los pies para avanzar sin problemas. Los dos hombres subieron como balas.

Nos sentamos. Pensamos que aquí era la cima. No, no, muy equivocada. Faltaba la parte más empinada e intensa de todo este sendero. Subimos un poco y 3 de las mujeres decidieron descansar por unos minutos más. Esperarían un rato más para luego seguir. El resto de nosotros, seguimos con energía hacia la última parte.

 

Hacia la bandera

Sin árboles, ni vegetación solo piedras pequeñas que marcaban el camino a la cima. Desde aquí se podía ver una bandera chilena que marcaba el fin del camino.

El viento marcó fuerte presencia. El frío llegó a nuestras manos. Los granizos golpeaban nuestro rostro. Es justamente el clima que queríamos impedir, pero ahí no hay mago que haga magia.

Jorge, Ileana, Mateo

En la cumbre del Monte Tarn

El mismo viento me dio un empujón para llegar a la cumbre. La última gota de energía. A 830 msnm es una imagen inigualable. El punto más alto de este sector de la península. Con un cielo despejado la imagen era irreal: Estrecho de Magallanes, las Islas Dawson, Tierra del Fuego, Isla Capitán Aracena la gran cordillera de Darwin, el monte Sarmiento y toda la península de Brunswick; además de otros cerros del último pedazo del continente.

 

Si esperábamos al resto del equipo en que llegara a la cumbre, aún estaríamos esperando.

Quería quedarme ahí por horas. Pero entre el intenso frío y el viento que no daba tregua, solo pudimos sentarnos unos pocos minutos para la foto y salir corriendo en descenso.

¿Corriendo? ¡Ojalá! A penas empecé a descender, en mis rodillas sentí una puntada intensa y profunda que hacía que me doliera cada vez que movía o doblaba la rodilla. Veía como mis amigos bajaban a reunirse con el resto del equipo. Yo me iba quedando atrás.

Cada paso era dolor. Sentía que en cualquier momento me ponía a llorar. Jamás había sentido algo así y lo peor… me quedaba aún todo el camino de regreso. “Esto será horrible, tendré que aguantar no más… no puedo, es demasiado el dolor. No puedo” me decía a mi misma.

Dos amigas, me esperaban. Con mucha paciencia iban aguantando mi lento paso. Me consiguieron un bastón para poder caminar mejor. Mi poder de soporte estaba quebrándose de a poco. Se supone que el descenso es de 3 horas, máximo 4. Me demoré como 5 o incluso 6, creo. No llevaba el tiempo porque era deprimente saber.

El resto del equipo bajo como avión. Ya querían llegar a casa. Caña, más sueño, más deporte, igual a que el día debía de concluir lo antes posible. No los culpo por no haberme esperado, nadie quiere ir a paso de tortuga. Literalmente.

Llegue a la punta del árbol, baje la última parte arrastrándome de poto. No podía más. Mis amigas que ya estaban abajo, me alentaban “queda poco Dani, tu puedes” decían.

Cuando baje hasta la base, no sé como lo hicieron, había un auto esperándonos. Creo que casi lloro de felicidad y dolor al mismo tiempo. Les confesé a mis amigas que la verdad les tenía muy poca fe, que si alguien iba a terminar mal era una de ellas, no yo. Hubo caras de sorpresa y luego se rieron.

Lección: No porque hagas deporte puedes bajar un cerro sin problemas. Ahí es donde tus músculos y huesos te juegan una mala pasada. Y obviamente, no te burles antes de cuenta, puede que te sorprendan y debas comerte tus palabras.

Conclusión: Tengo disfunción patelofemoral o mal alineamiento rotuliano.

 

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¿Qué te ha parecido la aventura del Monte Tarn? ¿Te gustaría ser el protagonista? Cuéntanoslo en los comentarios

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Daniela Ruiz

Periodista que descubrió su pasión por viajar a los 14 años cuando hizo su primer viaje sola. Desde ahí que no se queda quieta y cada cierto tiempo sale a descubrir nuevos lugares. No puede salir de viaje sin su frazada tie dye de polar, ni su collar de mundo con un ángel. Uno de sus mayores pasatiempos es hacer brownies y escalar. Sueña con algún día conocer la tierra de sus ancestros Croacia y el continente de hielo, Antártica.

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3 Comments

  1. Edward moss says:

    Muy bueno Dani !! Para la otra tratare de acompañarte jajaj pero no un domingo y menos a las 08:00 jajaj

    Pero: creo que tenemos lo mismo en la rodilla

  2. marco fabio says:

    Estimados, les dejo un par de datos.
    1. El Cirujano Jhon Tarn no viajó en compañia De Fitz Roy. En esa expedición el capitán del Beagle era Pringle Stokes, del cual lo recuerda su tumba.
    El cirujano Tarn no pudo salvarlo de la muerte, Mr. Stokes agonizó doce dias.

    2. El la cima del monte se encuentra una caja metálica ( de aquellas militarres), fue en reemplazo de la existente encontarda ahí que era de plástico y de menos capacidad.
    fue instalada por mí el año 2003 junto a cuatro jovenes.

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