Grandes Viajeros

Saara Ingström: Que los prejuicios no frenen el viaje de tus sueños

lunes, 04 enero 2016 764 Views 0 Comments

Vibra el celular. Entra un SMS. Es mamá: “No te vayas a México, ahí matan gente”. Pero pese a la indudablemente cariñosa recomendación, una joven finlandesa ya tenía decidido hacer la maleta y conocer un país que genera opiniones contradictorias entre los viajeros de todo el mundo.  

Saara Ingström tiene el pelo rubio, ojos claros y una sonrisa que ilumina toda su cara. Es una de esas personas que mira a los ojos, sonríe siempre y quiere conocerte, pero de verdad, y no solamente escuchar que estás bien o qué le has hecho a tu pelo. Saara es una persona con voz fuerte y con muchas historias que contar aunque no tiene ni siquiera 30 años: ya ha viajado más que la mayoría. Lo que deberías saber de ella es que es una sinvergüenza en el mejor significado de la palabra: es la amiga que te lleva a aventuras inolvidables, esas que nunca se te hubiera ocurrido pensar que son posibles de realizar.

Hoy compartimos su increíble viaje. Siete meses en los que recorrió ocho países en Centroamérica, Estados Unidos y Canadá.

Su idea de viajar a México nació cuando tenía 17 años y estaba en Austria haciendo un intercambio escolar. “Conocí gente maravillosa y pensé: quiero conocer los países de todas estas personas increíbles. Ahí también conocí a un mexicano, que me invitó a su recién comprada casa. Unos amigos pensaron igual que yo, que sonaba estupendo pasar el Año Nuevo en México”, explica Saara moviendo las manos en el aire para enfatizar sus palabras.

 

El comienzo de momentos inolvidables

Y así, en diciembre 2014 llegó al país de las calaveras pintadas con pasaje de vuelta para marzo… al final terminó quedándose seis semanas en México.

“La ciudad de México no es un lugar muy bello y muchos turistas prefieren pasar su tiempo en otras partes del país, pero a mí me encantó porque estaban todos mis amigos y no los había visto en mucho tiempo. Conocí la ciudad desde el punto de vista de los locales y eso siempre es la mejor manera de viajar”, explica con una sonrisa contagiosa.

Ya sobre el terreno, recorrió México con sus amigos y le sorprendió, ante todo, la diversidad del país. “Hay algo para todos pero hay que saber buscar. Nosotros fuimos a las montañas, después a la orilla del Pacífico, a la selva y a las montañas de nuevo. ¡La naturaleza es increíble en México!”.

Saara quiso compartió unos consejos para los que desean viajar a México. “Siempre come comida callejera cuando tengas posibilidad y evita Yucatán si no quieres toparte con un mar de turistas estadounidenses”. Eso, tras asegurar varias veces que “la gente mexicana es tan cariñosa y abierta que no queda otra que amarlos.”

Al final, no tuvo más remedio que comentar el mensaje de texto que le mandó su mamá. “México tiene una fama negativa ahora, todos piensan que es muy peligroso para las turistas pero no es tan blanco o negro. Bueno, si lo piensas todas las partes del mundo son peligrosas si no sabes cómo cuidarte, pero el miedo no puede ganar al hambre de recorrer el mundo.”

 

Dos paraísos que queremos compartir contigo

Saara Ingström juntó sus cosas y tomó un bus que la llevó de colorido y versátil país de México a la tranquilidad del caluroso Caribe con una amiga. Llegaron a Belmopán, Belice, buscando escapar de la prisa y el ajetreo de las grandes ciudades. Por ese motivo, tomaron un barco a la paradisíaca isla Cayo Corker, conocida por unos simpáticos cartelitos colocados a la entrada que son toda una declaración de intenciones: “Sin zapatos, sin camisetas… sin problemas”. Esa mentalidad relajada llamó la atención de la viajera rubia.

“Queríamos pasarlo bien y tomar unas vacaciones aunque igual ya estábamos viajando, pero necesitaba el calor y la cultura caribeña”, dice mientras ríe fuertemente. “Belice es un paraíso fiscal y eso se nota en algunas partes del capital. Nosotras queríamos escapar del mundo y por eso elegimos irnos a una isla pequeña y aislada, y así llegamos a Cayo Corker. Ahí la gente caminaba sin zapatos en todas partes, un destino perfecto para olvidarse de todo.”

Durmieron, tomaron el sol y pasearon por sus infinitas playas blancas. Bucearon, pescaron y prácticamente vivieron la vida que todos hemos soñado en las largas horas bajo la luz halógena de oficina. Después de descansar lo suficiente como para reponer fuerzas tomaron el barco de nuevo y volvieron al mundo normal, a la civilización, y avanzaron hacia el país verde, Guatemala. “Era lejos mi país favorito por la naturaleza”, cuenta Saara.

 

Madrugada eligiendo destinos

“Las mujeres usan ropa tradicional, es muy bello y, al mismo tiempo, muy peculiar porque los hombres usan ropa occidental”, explica. “La gente en Guatemala es mucho más tímida y callada que en México, aunque no lo estoy diciendo como algo malo, simplemente fue algo que pudimos sentir. Pero la conexión con la tierra y con la naturaleza es admirable e impresionante.”

Ya en Guatemala dos experiencias marcaron el viaje de esta atrevida finlandesa. “Hicimos un trekking y subimos a un volcán cercano al volcán Fuego. Era muy duro porque era muy empinado y todo el tiempo cuesta arriba. Sudamos con el calor y aunque soy scout de toda la vida igual era demasiado duro”. Más risa contagiosa. “Pero al llegar a la cima del volcán no te cabe duda de que ha valido la pena. Vimos todo debajo de nosotros. Estuvimos en las nubes y, de repente, del volcán de al lado empezó a salir humo. En principio era poquito, como unas señales nada más, pero comenzó a salir mucho más y la naturaleza retumbó fuerte. ¡Hasta salió un poco de lava!”. Saara y sus amigos bajaron del volcán impactados por la fuerza de la tierra y ella se quedó con una historia más para compartir. Por cierto, al día siguiente, el volcán Fuego se activó y entró en erupción.

La segunda aventura que vivió en Guatemala ocurrió, según nos relató, en un pueblo Inca, Tikal. Subieron al pueblo de noche, vieron las ruinas y conocieron de primera mano la impactante e innovadora arquitectura incaica. En la sombra de la noche, los muros crecieron más altos y los árboles de la selva se movieron lentamente. Con la llegada del sol todo empezó a despertarse y Saara se quedó con boca abierta.

“No soy nada llorona pero casi me puse a llorar cuando la selva a nuestro alrededor empezó a despertarse. Los pájaros empezaron a cantar y los ruidos de la jungla de a poco subieron de volumen y, poco a poco, el sol lo iba iluminando todo”, recuerda con absoluta nitidez como si todavía estuviera allí.

“Muchas veces durante el viaje tenía momentos como ese y pensé que la vida es maravillosa y que era muy afortunada por poder disfrutarlos”, confiesa contagiando sus ganas de viajar y descubrir el mundo.

Saara hizo el viaje de madrugada, contratando un tour en una oficina local. “Muchas veces en Guatemala era más barato tomar el tour que organizar el viaje solo, lo intentamos varias veces y averiguamos todo posible pero salía mucho más caro y era difícil de planificar”. Aunque los tours estań muchas veces mal vistos, a veces son la mejor opción para conocer un lugar tan increíble como la selva de madrugada. “Y eligiendo destinos que no son tan turísticos uno puede descartar las masas de turistas si quieres estar solo”.

Después de dos semanas recorriendo Guatemala, Saara y su equipo decidieron ir a probar las olas de El Salvador y pensaron ir a Honduras, pero, ¿que pasó?

 

Aprende a confiar en la gente

“¿Sabes una cosa? ¡Viajar sin planes o sin destinos preestablecidos igual es estresante!” Saara grita y empieza a reír con risa contagiosa. “No, hablando en serio, ya estaba cansada después de diez semanas viajando con la mochila y quería unas mini vacaciones dentro de mi viaje interminable. Entonces fuimos a la playa El Tonga en El Salvador”.

Saara Ingström es una abogada recién titulada que después de unos años estudiando en su país (Finlandia) no pudo contener sus ganas de viajar. Se fue de México a Centroamérica mochileando, cruzó la frontera de Tijuana a Estados Unidos, viajó en combi hasta Vancouver, Canadá, y siguió su viaje haciendo dedo hasta que tuvo que volver para seguir con su vida. Es una mujer atrevida y una viajera de corazón.

“Fuimos a Tonga porque quería aprender a surfear. Bueno, llegamos y ¿sabes que?”. Saara mira con sus ojos claros y la sonrisa le llena la cara. “Vimos las olas y eran gigantes, demasiado grandes, no eran para principiantes.” Y explota a reír.

Sin problema. En El Salvador no hicieron ‘nada’ más que tomar sol y dormir pero pero su viaje dio un giro radical. Saara estaba despreocupada, viendo la televisión, y de repente dieron un reportaje de un tipo que andaba en combi desde Chile hasta Alaska. Ella, en un ataque casi de locura pensó que sería estupendo juntarse con él y acompañarlo en su viaje. “Y le mandé un correo para saber qué opinaba.”

 

Aventura en barcaza

En Centroamérica existen antiguos buses gringos de colegio, los típicos amarillos de Los Simpsons, que ahora funcionan como transporte público, se conocen popularmente como ‘camionetas de pollos’. Saara subió a uno y quería llegar a Honduras pero durante su recorrido varias personas le comentaron que el país no es seguro para una rubia como ella y aunque no le pasaría nada igual debería estar en tensión todo el tiempo para evitar problemas. Aquellas confidencias fueron suficientes para que siguiera su viaje, pero con un nuevo destino: la caluroso Nicaragua.

“Nos quedamos dos semanas en Nicaragua, y conocimos Las Islas del Maíz, que son como un sueño perfecto.” Aunque llegar a la isla es más como una pesadilla para mucha gente. Es posible volar hasta allí pero, lógicamente, cuesta más dinero. Así que la intrépida finlandesa eligió ir en una barcaza de carga y viajar 22 horas sentada en el suelo.

“Obviamente es toda una experiencia viajar durante tantas horas de esa manera pero no pasó nada que no se pudiera soportar”, recuerda. De repente su cara se ilumina y empieza a explicar con las manos volando en el aire y riendo entremedio de las palabras. “Pero, unos amigos viajaron también a la isla y tomaron una barcaza de animales y pensaron que va a ser como nuestro viaje. Bueno… los animales y pasajeros estaban todos juntos en la bodega de carga. La gente iba parada entre vacas y chanchos, con las piernas hundidos en las cagadas. Obviamente todos estaban mareados y lamentablemente algunos hasta vomitando”. Las últimas palabras son difíciles de entender por tanta risa.

“De vuelta nos tocó lluvia y viajamos en la cubierta de la barcaza, después teníamos que movernos y encontramos un rincón al lado de la cabina de motores y todo el hollín iba cayendo sobre nosotros, pero bueno…” De Nicaragua su viaje seguía a Costa Rica y, de allí a Tijuana para cruzar la frontera a Estados Unidos y juntarse con Ben y su combi. ¿Confiarías de esta manera y te juntarías con gente desconocida para viajar juntos?

Saara, en la playa durante su viaje.

Saara, en la playa durante su viaje.

¿Quién entra al país?

Saara Ingström partió su viaje en diciembre 2014 pensando que podría volver en marzo. “Pero lo pasé tan bien que cambié mi vuelo a abril, después a mayo y todavía seguía pasándolo increíble entonces los cambié a julio.”

Su recorrido ha cubierto varios países en Centroamérica y después sus pies apuntaron hacia Estados Unidos, a iniciar una aventura con una combi a cuyos mandos se encontraba un tal Ben, que vio en un programa en la televisión en El Salvador y con quien contactó por correo electrónico. Hicieron planes para juntarse con él en California. Ben estaba viajando desde Chile a Alaska (Puedes seguir su viaje en su sitio web).

“En Tijuana crucé la frontera a pie, como en películas. Había unas filas eternas, de más de dos horas, y después me cuentan que estuve en lugar equivocado”. Saara empieza a reír y contagia a todos. “Me preocupé porque vi a todos los mexicanos con mil papeles y documentos demostrando cosas como que tienen dinero y yo solo tenía mi pasaporte y mochila, nada más”. Sonríe con toda su cara y dice “pero bueno, como era pasaporte europeo entré sin problemas”.

 

Cuatro ruedas y un perro

La rubia finlandesa llegó a California con ganas de conocer el Copito (la combi), a su dueño Ben y a con su perro Alaska. Juntos viajaron hasta Vancouver. ¿Cómo es iniciar un viaje con un desconocido que ves en la televisión? “Bueno, lo ví y de ahí empezamos a conocernos, no es tan difícil de viajar con desconocidos y en el combi estábamos uno al lado al otro y conversando. Rápidamente ya éramos amigos.”

Subieron hasta Vancouver juntos y Saara aprendió mucho durante el viaje. “Siempre dicen que no hay que confiar a los desconocidos y bueno, durante esta aventura dejé de pensar así.” Y sigue explicando que “la solidaridad de la gente es impresionante, muchos nos invitaron a sus casas a comer, descansar y ducharse. Nos vieron en la calle con el combi y vinieron a conversar con nosotros, todos quedaron impactados con el viaje que estábamos haciendo.”

 

¿Qué se gana viajando?

“Obviamente durante el viaje crecí mentalmente mucho y bien, siempre dicen que uno es afortunado por poder viajar, yo lo aprendí durante mi viaje”. Saara Mira abajo y sigue, “igual hay mucha gente a la que le encantaría viajar, muchos jóvenes que quieren conocer el mundo, pero tomaron el préstamo para estudiar o pasó otra cosa y no pueden. Yo lo pienso y doy gracias por tener las posibilidades que tengo”. Después agrega: “También aprendí que es posible viajar con muy poco dinero, con el combi gastamos diariamente menos de 15 dólares y a veces no podía creer lo que estaba viendo porque las vistas eran realmente hermosas.”

Saara terminó su tesis durante su viaje y volvió a Finlandia como abogada. “Ahora hay que trabajar un poco y tal vez en el futuro me vaya a vivir al extranjero, pero viajar así siete meses sin objetivos o proyectos, también cansa.”

Al final la niña loca dice algo que llega al alma: “Lo mejor de viajar es la gente. Como que después de mucho tiempo las ciudades empiezan a parecer a otras y la naturaleza también, son muy parecidas, pero la gente siempre es distinta. La gente es la sal de los viajes, uno aprende a amar y creer en la humanidad de nuevo”. Y sonríe encantadoramente.

 

Ruta-B Fotografa

 

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Sonja Haavisto

Periodista que dedicó su carrera a las redes sociales y a Internet. Fanática de los gifs y los memes. A la hora de dormir se queda viendo Twitter y Pinterest hasta demasiado tarde, y siempre tiene un libro que terminar.

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